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Escribir por placer o por necesidad

Placer o necesidad parecen ser dos términos muy distantes, también muy distintos.

 La ambigüedad, no obstante, nos podría llevar a enlazar sus acepciones, pues, en este punto; el de la creación —literaria o no—, ambos vocablos convergen bajo una misma figura: placer y necesidad son ruedas de un mismo vehículo, o mejor dicho; vértices de un mismo triángulo que, para quedar convertido en polígono, necesita de otro vértice: “la recompensa”.

Y cuando hablamos de recompensa podríamos referirnos a la económica; pues es otra parte esencial de la necesidad; con dinero se compra todo, y por dinero todo se vende (o casi todo).

 

El postulado de escribir 

El postulado de escribir ha de conllevar el placer de sentirse feliz por el simple hecho de poder expresar nuestros sentimientos, sueños o pesadillas, pensamientos dispares o ideas filosóficas que podrían transgredir a lo social. Incluso nuestras fantasías —épicas o eróticas— no están exentas de ser esbozadas sobre el papel, y todo dependerá de nuestras realidad que, junto al momento, parecen ser caras de una misma moneda. Pero he aquí que hablamos de tres vértices y, por tanto, se necesita otro ingrediente.

No hay que olvidar que, ya de por sí, escribir conlleva un enorme desgaste de tiempo y de esfuerzo. Y sin el acicate que conlleva la remuneración por el trabajo, como en cualquier otro, la cuesta de la escritura se hace muy elevada. Esa contradicción; la dura piedra en el camino; ese tercer vértice, nos puede hacer sopesar si merece la pena o no escribir por mero placer —trabajar por amor al arte, como se suele decir—. Sin embargo, y nuevamente, otra vez brota una necesidad, aún más grande que lo anteriormente contado, que nos impulsa a querer seguir avanzando en nuestra creación. Y esto se aplica a cualquier disciplina artística, incluso la que no lleva ese adjetivo; “arte” —aunque quizás todo lo sea—, como los actuales videos, montajes fotográficos, composiciones musicales y, como no podía ser de otra manera, los mismos textos que se exponen en cualquier espacio web.

 

Remuneración económica

Luego, con independencia de la desaparecida remuneración económica, surgen otras, que bien pudieran desterrar ese repudiado, y a la vez deseado vértice, y ser sustituidos por la autocomplacencia: sentimiento altruista por ayudar a los demás, o satisfacción surgida por exponer tales ideas; tus creaciones. De nuevo emerge el placer, y esta vez lo hace tras la necesidad.

Sí, todo ese placer, convertido en aforismo, conlleva una carga de necesidad que, de manera reiterada hemos advertido, bien pudiera albergar otros intereses —como el monetario—, pero además puede transformarse o unirse intrínsecamente a un mismo sentimiento.

 

La recompensa

Bien podríamos decir que se desplaza la recompensa, se posterga ese interés para un futuro próximo que tal vez nunca acuda a nuestro encuentro. O tal vez nos consolemos con que alguien, de vez en cuando, nos de una palmadita en la espalda para incitarnos a seguir exponiendo todo cuanto nuestro cerebro es capaz de imaginar y que no todo el mundo tiene, ni tampoco es capaz de transmitir.

El futuro acontecerá, pero, de momento, habrá que olvidarlo; ya se presentará cuando lo estime oportuno, cuando ya hayamos creído que nos dio de lado. No obstante, la necesidad y el placer seguirán cogidos de la mano, como una pareja de enamorados que contemplan cómo las olas del mar le ofrece parte de su cháchara para que luego pueda servirles de inspiración.

 

Placer y necesidad

Ese sentimiento, esas pisadas por la fina arena de la playa: placer y necesidad, se postra ante el novel o principiante, mas también lo hace con el más experimentado de los mortales. BB King estuvo tocando hasta última hora, dando más de 80 conciertos anuales. Aquí no había necesidad económica, sino otro tipo de necesidad —una que escapa a la mayoría de los mortales—. Tal vez la esencia sea el sentirse vivo, y ningún otro aliciente podría enmascarar tal necesidad; una que escapa más allá del dinero y que verdaderamente surge de la pasión y del amor hacia ese arte. Una necesidad tan necesaria como comer; el vivir.

Por tanto, sí, se escribe por obtener un reconocimiento, un beneficio, pero también por placer, y mucho más por necesidad.

2 Comentarios

  • Roque Herrero Escobar

    Escribir por placer, publicar por necesidad… Esa puede ser la respuesta a la disyuntiva. Como nunca dejarás de aporrear cuerdas, nunca dejarás de imaginar y escribir historias; aunque no te las compren… Sigue imaginando mundos y personajes en él, AMIGO

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