blog literario

Enésimo intento

Volver a las poesías desacertadas

 
 

INCOMPLETA

la manecilla no paró, dejando que la luna encontrara su atajo para que así me permitiese llegar a esa orilla donde nadan las sirenas.

La luna, poco a poco, menguaba, cansada y hacia su desplome se escondió en su propio reflejo, cercana a la orilla y, dispuesta a observar tal híbrida belleza, mientras me ayudaba a superar las rocas que, a mi paso, emergían impidiendo mi llegada.

Embriagado, por horas desvanecí hasta que el sol del nuevo día me despertó. Las gaviotas volaron sabiendo todo acerca de mi caída y mi barca, varada en la orilla, decía no querer correr otra igual aventura y me dieron qué pensar. Dudé entre esperar otra luna llena pero esta vez…

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