blog literario

Del verbo «Perjudicar»

 

No hay cosa que como escritor (o como lector) deteste más que una mala corrección. Excepto una redundancia innecesaria en el texto (que no es lo mismo que el pleonasmo, también reprobable, aunque se da más en la comunicación verbal).

En referencia a lo segundo; la redundancia, he dejado algún que otro libro —de los considerados «best seller»— a medias por no soportar la desacertada repetición o el uso excesivo de una palabra o concepto. Es lo que más me molesta. Y cuando veo eso, corriendo recurro a la obra de Virginia Woolf, cuya maestría en el énfasis deja mucho que desear con respecto a lo otro, que suele convertirse en algo más que vulgar.

Ya hablé de mis preferencias literarias y de mis libros pendientes. Y, sin pretensión de ofender a nadie, como entonces dije, no persigo ni el plagio ni la copia, tan solo las formas.

Y ahora, regresando al tema que acá me ocupa; la corrección; la errata, he de decir que: «¡Claro!».

¡Claro! Cuando es otro quien escribe y comete ciertas erratas y ciertas confusiones, no pasa nada; se critica al autor —no por su forma de escribir (como ocurre en lo anterior)—, se habla de su mala corrección. Y punto. Pero ¿qué pasa cuando eres tú, cuando es tu amigo (cuando soy yo) quien comete ese fallo?

Para mí, la mala corrección pasa por varios factores, algunos de ellos casi incontrolables —pues rivera es con «V», pero también con «B», de Ribera. Por que lo «bello» de vivir es hacerlo sin quemarse los «vellos» de la piel ni arrastrarse por el «desierto», aunque «diserto» de eso.

Porque muchas veces pretendemos decir «construir», pero a otros les gustaría ver «constituir» —formas diferentes de decir las cosas, aunque también confieran otro significado. La interpretación no siempre tiene por qué ser la misma—, pues a menudo creemos que hay cosas «imposibles», pero no «impasibles». Porque hay veces, más de las que yo quisiera, que una errata no es una palabra mal escrita, sino mal situada. O formó parte, como coletilla, de un texto que modifiqué porque no encajaba del todo con lo que pretendía contar o transmitir.

Y, cuando mi buen amigo, mi hermano (él sabe bien que hablo de él) me echa el flotador, yo, de forma irremediable, me hundo aún más. No por nada; hay cosas que puedo controlar, como todo lo que conlleva el término redundar. Pero otras cosas se me escapan.

Te tiras más de 6 meses corrigiendo tu texto (no exagero), mirando una y otra vez tus párrafos, repasando con exhaustiva minuciosidad. Cuando además utilizas un corrector profesional, y repasas una y otra vez, y otra más el texto, y no encuentras fallos, es entonces cuando decides publicar la obra. Y son más de 80 mil palabras.

Pero, hay que ver lo que fastidia al lector, y mucho más a la moral del escritor, que el primero localice una docena de palabras que, por cualquier tipo de error (mencionado antes o no), estén ahí, entre esas más de 80 mil.

¡Sí! Perjudica, y mucho, al escritor. El lector no sabe cuánto. En esos momentos, el obrador maldice su obra. Maldice el no haberle dado una nueva vuelta, otra más, al texto que con tanta pasión escribió. Y, para colmo, aquí no hay cabida para las llamadas «fe de erratas». No queda otra cosa. que subsanar errores, pero los primeros ejemplares ya salieron. En esto no hay marcha atrás.

El autoperjuicio ya duele, ya pesa sobre la conciencia del autor.

… ¿y qué se puede hacer? ¡Dímelo tú!

 

4 Comentarios

  • Roque Herrero Escobar

    Sinceramente Pepe, poco podrás hacer al respecto… quizás dedicarle 10 meses a la corrección en vez de 6 pero, seguramente lograrías tener 5 faltas en vez de 12.
    ¿Crees que estarías conforme con ello o volverías a estar en el punto de partida? conociéndote pienso que no… Así que no te preocupes por ello porque al igual que un escritor puede no ser 100% perfecto e infalible, tampoco lo somos tus lectores (o lectores de pacotilla como yo 😄).
    No te quita ningún mérito, máxime cuando eres consciente de ello y siempre intentas mejorar, muy al contrario te hace más humano y cercano y, al fin y al cabo lo importante es la historia y tu forma de contarla; y en eso puedes estar seguro que no hay ninguna errata amigo 👏👏👏
    Nunca dejes de contar historias 🤗🤗

  • Aníbal

    Siempre que te he leido lo he hecho en digital y si me he encontrado alguna errata lo achaco al paso que se hace del archivo original a diferentes formatos digitales y que realmente no ne corta el ritmo de la lectura. Se que quieres entragar a tus lectores un producto perfecto, pero nada lo es.
    Asi que espero nos deleitandonos con tus escritos ( con erratas por favor) con la misma pasion con la que lo haces, que para mi es lo que importa.

  • Chus

    No sé, si es por los años que tengo, que son muchos o es que le doy importancia a lo que es importante y en lo banal no suelo prestarle mucha atención. Una errata es una errata y no tiene más historia, a no ser que la errata pueda confundir el mensaje y no aclara lo que el autor quiere expresarte, pero por lo demas no hay mas vuelta.
    Ya Confucio cuando señalaba a la luna algunos como yo mirabamos primero el dedo (que tiempos aquello)…en fin. Ahora a mi edad como te he dicho y redundo en los años porque he aprendido como el diablo, que lo bonito que es recibir de alguien sus historias,sus vivencias, su amistad, como para ponerle un pero.
    Suerte señor Cantalejos con sus obras y que ser grande no es el tamaño que uno tiene, sino las cosas que haces

  • Antonio luis

    Mi buen amigo, hermano,Pepe, la percepción no existe, me consta que eres una persona constante y muy trabajadora, me gusta mucho como escribes y admiro la pasión que le pones, si no hubieses corregido esos 6 meses habrían sido muchas más las erratas, como bien dices son 12 de 80000 palabras, preguntas que que puedes hacer, pues yo te digo:
    Aprender y no castigarse tanto!!
    Lo haces muy bien sigue así

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