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Cuando preguntar a la moneda no sirve

Me encuentro en una de esas encrucijadas que le quitan el sueño a una persona. No es por cuestiones personales ni reales, sino por culpa del arte, y del artista, por supuesto.

 

 

 

«Perdedores» avanzaban a pasos agigantados por las páginas de mi procesador de texto a una velocidad de tres mil palabras por día. Sin embargo, tuve que parar a repostar. No fue por mucho, pero, tal vez, el tiempo suficiente para que saltase la chispa de un cambio impreciso.

Dos caminos se abren; A y B, y tras ellos diferentes posibilidades. Antes de esta disyuntiva la meta a batir, que había tras A, quedaba clara y bien reflejada, pero ya no.

¡Claro! Y aquí lanzas la moneda o preguntas a quien te sigue: «escoge el camino B», te dan la misma respuesta, «es lo inexplorado».

Pero el cambio; con B, no solo conlleva un único cambio, pues también provocará un giro en todo, un giro por completo llevando a un extraño y arduo el final.

—¡Bien! Me quedo con la B —me digo.

La noche va aconteciendo, mis ojos siguen cerrados y mi cuerpo inmóvil, mas mi inconsciente mente no se detiene. Y tras sonar el despertador me miro al espejo y me encuentro con dos nuevos vocablos colgando de mi aún adormilada mirada: BB y BC.

—¡XXXX! —Exclamo un impronunciable insulto.

Ya había saltado ese muro. Pensé que no habría más obstáculos hasta la meta, pero ahora me he topado con otros dos. Y surge la necesidad de plantearle una nueva cuestión a la dichosa monedita. Ya le he hecho la propuesta (para que vaya sopesando los pormenores de la nueva alternativa.

Y es que es un fastidio el querer avanzar sin antes haber creado una firme estructura. Pero ¿acaso eso garantiza que no te plantees la alternativa?

No es cuestión de firmeza, ni de estructuras. Es cuestión de escuchar a los personajes y a la personalidad de estos. Y, claramente, el protagonista me ha hablado y me ha dicho que, de momento, la estructura que creé para la A no le gusta. Que va a tirar por la segunda ruta; la B. Pero que ahora deja en mis manos la otra elección.

Y es aquí donde ahora me hallo y, como ya dije, de nada sirve preguntarle otra vez a la estúpida moneda.

 

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